sábado 2 de abril de 2011

Con Tinta y Pluma


En antaño, coger entre los dedos una pluma y escribir; evocar recuerdos, dibujar sueños, o sólo el deseo de un encuentro íntimo entre el hombre, su esencia y su ser. El movimiento de la pluma en el papel evocaba la danza con el viento, con los dioses, los astros, con leyendas y mitos. Era la magia del pensar, descubrirse y saberse humano entre humanos, personajes anónimos, líderes, héroes de historias y de creación.

La danza de la pluma, danza tribal; el ritmo de los primeros, los salvajes, los desnudos vestidos de color. En el canto a la luna, en la loca danza al padre sol.

Aquel diálogo íntimo entre la pluma y el papel. La belleza del sentir, el placer de acariciar la piel de una doncella y de recorrer su cuerpo en el papel. En aquel encuentro se fundían como el amor se funde cuando se hace pleno, uno, en el encuentro entre dos y el Universo todo.

En la tinta, las pasiones, la historia y las revoluciones. Escrito el hombre y la mujer, el sabio anciano, el aprendiz, el niño mudo, el ser como un todo o fraccionado, doliente o amado, enfermo o germinando. El ser en aquel encuentro estaba unido simbióticamente con su tinta en el papel, sólo él y su alma, conectándose y comunicándose con otros o con él mismo. El destino de un país en sus manos, el de un pequeño pueblo o el de un amor. En la tinta estaba el sacerdote, el filósofo, el artesano, el hombre libre y el prisionero. Cada palabra era la esencia más íntima de ese ser; su tinta, su sello, dejar su legado en el papel o simplemente, despedirse con pluma en mano y en el llanto, escribir un triste adiós.

Me emociono al pensar en aquel estado de conexión. Vuelo al pasado, la pantalla de mi computador se detiene, así como se detiene el tiempo, si es que el tiempo existe o sólo es una ilusión…el tiempo. Quizás sólo un sueño de humanos en nuestro lenguaje de humanos; lenguaje ancestral, en el cuerpo de milenios, ahora en la palabra, en nuestras manos. En antaño, símbolos de historia, vivencias talladas en muros y piedras, en dibujos terrenos, prolongación en el tiempo del legado de los primeros.

Cierro los ojos y todo lo que he leído, todos esos sueños, los cuentos, los maestros y los dibujos, esas imágenes difusas en color y cargadas de sentimientos, toda mi historia plasmada en recuerdos, en poemas viejos, míos, me llevan a cualquier momento o lugar, el tiempo decide; sólo cierro mis ojos y vuelo.

El lugar es hermoso, praderas nevadas, un lago helado solitario y árboles centenarios, viejos sabios con sus capas blancas; mudos testigos de una historia que estremece. El sol esquivo, nubes de sombra y un cielo que congela; la nieve en la cima, como dos pechos blancos, como las nubes en sus formas poéticas de ensoñación, nubes que invitan a la tormenta, torbellino en el cielo, mezcla de hielo y fuego.

Es una casa pequeña, el calor de una pasión de antaño aún mantiene la vida. El recuerdo y el pasado de un hombre que perdió a su amada y cada noche le escribe cartas, cada noche la acaricia, le recita un poema, la desnuda y mira su blanco cuerpo inerte, desvanecido en la sombra del ayer. Le dibuja sueños, le construye castillos. Cada noche es una hoja más, en la tinta está el pasado. El presente se congeló entre las cumbres y en aquella casa con olor a leño está el presente, plasmado en tinta y hedor. Yace el cuerpo de su amada hace años, él hombre le quitó la vida y la prolongó en la tinta, su cuerpo sin carne yace en el lecho, el hombre con cabello enmarañado, con un rostro surcado por la pena y locura; él sólo escribe, no se detiene, alucina con su bella que yace en su lecho; belleza encarnada en el recuerdo, hoy sólo hueso. El hombre enloqueció, pero en la tinta está su locura y el arrepentimiento. Prolongando en la palabra su amor y su desconsuelo, ya no hay vida allá fuera, en la letra se plasma su historia y el sentido de la más triste locura. Me estremezco, cierro los ojos y le pido al tiempo volver. Vuelvo a mi presente, estoy en la vieja casona de calle República, es un lugar íntimo, mío, de ellos, de los que estamos comunicándonos reflejando nuestros rostros en dos, tres, veinte pantallas. Estamos los solos, los estudiantes, los enamorados y los soñadores, los viajeros de esta Era tecnológica. Vuelvo a mi pantalla y a la realidad, me comunico; la historia a su lugar y a un tiempo que no entiendo....sólo escribo.

Cuantos años han transcurrido, cuantos vendrán. La gente va y viene y todo avanza en el vértigo de lo que llaman Post Modernidad. Era Tecnológica, Era virtual, muchos nombres para una humanidad; en la tierra todos juntos, los vivos y los recordados, los lejanos, los que estamos juntos en este terruño, sembrando semillas verdes, sembrando un porvenir. Vivimos el mismo tiempo, un tiempo virtual; avance vertiginoso de ser más…más sabios, más capaces, más inteligentes, más bellos, más productivos, producir…producir. Y me pregunto por el sentido, por el sentido de la vida, por esa pregunta, por esta búsqueda. Buscaban en antaño el sentido de sus vidas a través de la danza, adorando al padre sol, a la bella música, cuerpos pintados; buscaban su sentido en la música, en los astros; todo era ciclo, desde el primitivismo, desde la cueva, desde la cima, ciclos lunares, ciclo de guerra, momentos de paz, de buenaventura, germinaba la vida en la cosecha y en la siembra, bajo el sol, ese bello y cálido sol.

Hoy, siglo veintiuno, tantos y tantos seres humanos somos, esparcidos como hojas en el mundo, semilla y cosecha, nacemos y volvemos a la tierra, fundiéndonos con ella. Me atrevo y aventuro en que en esta Era de tecnología y modernidad, el sentido de nuestras vidas busca muchas veces respuestas en esta “cosa poderosa”, como la llamaré, que podría homologar a una especie de oráculo; sí, creo que lo podría llamar un oráculo virtual.


Somos hijos de Santiago, de una tierra con olor a mar y a lechosa nieve, somos de Chile; nuestra es Latinoamérica, de junglas salvajes, cordilleras nevadas y desiertos secos hasta la misma nada. Soy hija de la cordillera, de sangre de continentes, igual que mis hermanos, vivimos entre montañosos hielos y el mar, somos del bosque y del árido Atacama. Soy de la tierra y tan pequeña en el Universo todo y aquí estoy, con mis pies cansados, trato de caminar, pero hay muchos seres a mi paso.

Es el pintoresco y bullicioso Paseo Ahumada, jauría, manada, no sé como llamarlo, grupos de miles, de solos, de amantes, de viejos, de niños, comerciantes y soñadores. Sí, en este sureño lugar, pequeño terruño de este Planeta que gira y no sé si estamos girando al mismo son, acá todos juntos, revueltos, mirándonos sin saber quién somos, en esta Era, la Era de la tecnología, de los códigos, de las claves, del avance y del poder. ¿Estamos juntos los hermanos?

Hermanos de genes, hermanos de un lenguaje común, raza e historia se funden en un mismo libro; acá estamos en la brutal soledad de estar rodeado de tanta gente, es el clásico Paseo Ahumada. Cien, quinientos, miles, caminantes con rostros grises mirando el suelo, como si en el suelo estuviera la palabra, la respuesta o el consuelo. Caminando como humanos, no sé, a veces ovejas, a veces lobos, a veces pequeños, a veces poderosos, habremos sido guerreros, artesanos, habremos sido poetas, o estamos en un mercado del trueque y del engaño; al banco, al encierro, a ver al doliente que sufre en una en dos, en tres camas, les duele el cuerpo y el alma; en esta Era, un viejo camina cansado, fila eterna…el viejo va a cobrar un sueldo para soñar o para que el estómago le duela, nos duela y cuenta los billetes, se toma un café mirando cuerpos bellos o no tanto, cuerpos que alucina porque no quiere volver a casa a ver un cuerpo deforme y escuchar palabras y palabras que no quiere escuchar. Unos van a estudiar, otros a robar, a vivir o a morir; la señora se desorienta, se va a leer unas cartas en el suelo con una niña que le dirá el destino, le construirá el castillo en el que quiere vivir y descansar, ser princesa por un día y luego…a planchar, los niños tienen hambre. En el metro, ahogados, cercanos unos a otros, no nos queremos mirar, no somos humanos, somos un humano evitando la mirada o mirando sin mirar.

Creo que me miro y soy cuando escribo, más allá del tiempo, más allá de todo aquello que en la palabra, en la imagen, en el dolor y en el juego hemos construido. Artesanos de nuestra vida, de la palabra, de una tinta que no conocí, ya no hay pluma. Mi mano danza con las teclas, al son de una melodía que no entenderían aquellos que le dieron vida a la prosa; aquellos que fueron música en el vuelo y en el más bello verso.

Pensar que todo lo que quiero está acá, en este momento, pero no tengo la pluma ni la tinta, mis manos solo danzan, mis dedos juegan, crean, se comunican, inventan, acariciando y presionando teclas, acá estamos los dos, esta cosa que tiene mil rostros, los colores y formas que yo le dé. Me siento hechicera, me siento poeta, me siento como se siente quien sueña en la fantasía y abre sus ojos a la racionalidad, razono y sueño, divago y vuelvo. Esta cosa me invita a viajar, tengo amigos sin rostro ni cuerpo, tengo amigos en el lenguaje, en la letra, amigos con sus manos que danzan con las letras, no hay pluma. He conocido maestros y charlatanes, seres solos sedientos de consuelo, de compañía y de amor. He conocido historias que estremecen y te adormecen en la incredulidad, el presente es el vértigo de un Era que esta en pugnas de poder, de guerras, pero también de anhelos de volver a la tierra y de beber de vertientes rodeadas de las maravillas que hoy casi están olvidadas.

Puedo crear mi destino y conocer cualquier historia o contar la mía; no ser un personaje de cemento y solo, uno de los tantos solos del Paseo Ahumada o de Nueva York, da lo mismo, la carne es la misma y el destino es para todos igual. En un instante viajo por el mundo, tantos lugares que puedo conocer sin pasaje en mano; conocer sus historias, su presente y su pasado, porque soy terrena y me siento parte de un todo, fusión en un segundo con el tiempo que se detiene, estoy y soy en este instante lo que quiera, lo que sueñe.

En esta cosa poderosa, vive el gran comunicador, lo llaman Internet. Para Internet no hay fronteras, no hay límites, no hay edades ni razas, no discrimina.

Y reflexiono frente a esta cosa poderosa… ha sido mi compañera, mudo testigo de penas y sueños, de soledad y por qué no…de esperanza. He buscado a mis amigos que en antaño partieron, sin tener noticias de ellos, han hecho sus maletas y emprendido un viaje al país del olvido. Ya no están en la carpeta personal, su dirección virtual ha terminado en punto final.

En segundos nos conectamos, los vasallos de este gran comunicador, esperando una respuesta, enviando un mensaje de alivio, de alegría o sólo buscando el consuelo para esos momentos tan solos.

Ya no es la luz de una vela, ni la pluma danzando, ni la tinta plasmando sueños y decisiones en un papel que quien sabe su destino. Hoy es el gran comunicador, quien decide parte de nuestros humanos destinos.

En este lugar, que he llamado mi ciber casa, me he encontrado con el pasado, con el aquí y el ahora, con el futuro que no es. Este lugar, uno de los tantos llamados “Ciber Café”; una vieja casona, varias pantallas encendidas, sus colores encandilan en la penumbra. Este lugar ha sido mi segunda casa desde que estoy sin trabajo, y en este lugar me refugio para soñar y para sentirme humana entre humanos. Mis mensajes, cargados de emoción, con la esperanza plasmada en la danza de mis manos; quizás han quedado en la carpeta de reciclaje, han sido eliminados o guardados en los pendientes. Es el tecleo incesante de quien busca trabajo en dos, tres, cien punto com. Busqué un minuto de descanso y volé en el tiempo, quise sentir la pluma y la tinta y escribirle un mensaje al pasado.

EN EL TREN SUBTERRÁNEO

Las gotas de felicidad, la lluvia de pena.

En el vagón del tren subterráneo, un rostro se reflejaba...sí, era mi rostro, mezclado entre alientos, sudores de mañanas, de amores, de abandonos, de miserias subterráneas, de ellos, mis miserias tibias o congeladas, , como todos los días, todos los días, los mismos, la misma luna en mis ojos, las estrellas que quedaron anoche, antes de plasmar otro día sin saberlo, las nubes, el frío que congela en las mañanas invernales, de rutina y tedio, de soledades callejeras, de abandonos. nos vamos perdiendo en la vorágine cotidiana , lejanos, absortos, abandonados, tan cerca, hasta los vientres se pegan… los pensamientos se plasman, en una ronda de complicidad...Solos, solos, viajamos los solos, uno, dos, tres, cien..y en ese vagón estamos, mezclando nuestros íntimos sudores.

De regreso, con este dolor de huesos que me ha consumido, el ahora, y me duele, me duele hasta el alma, cómo me duele saberme doliente… me consumo en los otros, les regalo por un instante mis huesos, mi vientre, mis latidos, los días que faltan y los segundos que ruego, para volverme más pasado y más yo…yo, ellos…. y yo nuevamente… con una sonrisa que ya no dura hasta las diez, porque se dibuja el dolor en mis ojos… vuelvo a mi reflejo en la ventana del vagón, ese vagón subtrerráneo que nos lleva al destino dibujado del tedio o de lo que nos depara el día, de las sorpresas, de las alegrias o de las profundas tristezas, ese, el día de todos, revueltos, amasados, hojas, labios, ojos, envoltura carnal en almas que caminan, suben escaleras, las escaleras de los días, los días se van. Entre tantos, me regalaba verbos y palabras, en un discurso mudo… a mi rostro dibujado, que por su curvatura, se negaba a saberse…, te regalas felicidad en estos minutos de asfixia, pues sabes que el dolor y la soledad están y cuando sabes que claman volver, te miras y los miras y nuevamente te desvaneces, para sentirte nada, aunque quieras sentirte rostro y perfecta seducción, para el coqueteo diario de ser luz y sonrisa. y lo vuelves a dibujar, nadie permite un rostro sin colores, un rostro sin formas bellas, un rostro sin sonrisa, pues el deber que me ha de llevar en este día, para que los lleve, ha de pedir un rostro de felicidad y plenitud, un rostro relajado, un cuerpo que se mueve en la perfección de lo que se debe, las curvaturas perfectas del deber ser.

Te oxigenas, te liberas de los cuerpos, te vas caminando por las calles sin sonido, sin ti, sin nada, te vas, el cemento te lleva, los árboles te observan y los gigantes inteligentes te devoran, están, todo está. Llegar, llegar a la soledad de tu rutina muda, a las sonrisas prestadas, cómplices de la lágrima atascada ….Se va el día, todo se dibujó perfecto, tu máscara, tu cuerpo danzó en el sonido prestado de los otros, te vas, caminando de noche, con el dolor que te remece el alma…llega el sonido mudo, te abanica de sombra y tenue verdad…todo se ha ido, estás, nuevamente pariendo y dibujando tu nuevo día, de payaso que no sabes si llegará… te preguntas, hasta cuándo, hasta cuándo. Me duele la vida.


CERTEZAS

Estoy cierta

de mis tiempos

que ya no giran.

Se estampan

mis vaivenes

como un verso

imborrable

Páginas lejanas

que danzan una historia

de universales

verdades.

Estoy cierta

que al cerrar mis ojos

puedo verme

en el espejo de la vida

con tinta y pluma.

Si no estuviese cierta

de mis humanidades

y de las sombras

que han vagado

por mis rincones

no sentiría este vuelo

de nostalgia.

Sin la racionalidad

que me llevó a la tumba

mil veces

anhelo vivir en la sangre

mis verdaderas certezas.

Ahora.

lunes 23 de febrero de 2009

El PASADO DEJA HUELLAS


Dicen que el pasado es pasado, que no es, pues no,
el pasado te deja huellas, las puedes observar, en tu piel
como llagas,
en tu alma, como nostalgias, como llanto,
como risas de niño, o como pena en tu camita
libre de realidades que descarnan la vida.

El presente lleva las risas y quizás vagos recuerdos,
quizás todos, quizás todas las lluvias y amaneceres,
quizás todos los abrazos y todos ellos, los que estuvieron
en tu pasado.

Mas, quizás el pasado, te curva de pena, de pena muda
y te regala la máscara para que la dejes tras bambalinas
pues eres el actor de un presente, de una obra de teatro
que fue tu creación, para olvidar el pasado.

Y como artesano de un presente que deja el pasado
tras bambalinas, lloras en las noches cuando te sacas
el maquillaje
y te encuentras con tu madera.

El pasado siempre estara, jugando entre recovecos,
entre tu almohada y tus desvelos
en tu lucha por olvidar.

El futuro no es, el pasado esta, ahí, como espectador
de tu obra, observando como la terminas
en tu lecho final.

jueves 2 de octubre de 2008

QUÉ TIENE ESTE HOMBRE!!




Qué tiene este hombre

¿Qué tiene?

El, sin saberlo
me adormece
estremece mi carne
hasta regalarme ese vuelo
que me gusta

Cuánto me gusta
sentirme su todo
un soy y un somos.

Y cuánto más lo niego
llega sin permiso
y se lo doy.

Abro las puertas selladas
le muestro mis escarpados senderos
para que camine, él, mi guerrero.

Y los descubre, y lo dejo
dejo mis huellas para él

Aromas a miel y a pena
un pronto regreso, en un próximo
vuelo.

Y vuela, vuela, y ahí está
junto a mí, en mis desvelos.

Se queda en mi vientre
haciéndome cosquillas
como una niña
que besa su primera flor.

Se me acerca en penumbras
y me ausento de la verdad
y la verdad encuentro
cuando estoy en él.

Este hombre no se sabe mío
ni me sé su verdad.

Qué tiene este hombre,
Qué tiene!!

Despierto y lo beso
hasta que termina el día
que comienza en él.

Y se duerme en el no tiempo

En mi pecho, se duerme él.

Este hombre me ha girado
la vida.

BUSCANDO UN PINCEL PARA VERSAR

Versar el amor, los sueños, versar y versar,
dibujar el otoño, el atardecer, soñar con un beso, soñar.

Fotografías de antaño, tecleos y cableados hoy. La tinta y pluma
en las películas, de blanco y negro. Vida, destino, muerte, me siento contigo,
después de dar un vistazo. Oh, son muchas hojas, quizás, en la mitad de mi libro, quizás, en el prólogo o
en el epílogo.

Dibujo las líneas, de un desconocido, o de un Maestro amigo, dibujo mis líneas, esas con tantos matices
que yo, no elegí. Quizás sí, las elegí, quizás no. Tengo muchos pinceles, ¿Cuál elijo?.

Camino, hay lodo, me duelen los pies. Hay páginas blancas, sin tinta. Blanquecinas memorias, el ayer me duele.

Trazos que no me advirtieron, cuando nací.

Elegí mi vida...¿la elegí? Te pregunto, o me cabe, darme vueltas y preguntarle a El.

No lo sé. Y ¿Quién es El?.

Dibujo lo que me queda, con mi pincel. No me di cuenta, el pincel está gastado. Para colorear nuevamente,
necesito otro pincel y otros colores.

Me daré otra vuelta, para buscar otro pincel y colores para darle tono a esta nueva vida, en la mitad de mi libro,
con hojas blancas y versos sin tinta.

Me voy a comprar a una esquina desconocida. Espero encontrar tintas nuevas y un pincel que dance al son de mis yemas, para versar los últimos versos, colorear las páginas que han quedado en blanco y leer un final que aún está inconcluso.

sábado 20 de septiembre de 2008

NO SÉ POR QUÉ TE CONOCÍ

No sé por qué lo conocí
yo no sé.

Quizás para besar sus heridas
con la miel que me queda
y cobijarme en sus brazos
para perfumar un lecho
que se deleita con las melodías
de tribales gemidos.

Quizás lo conocí para no olvidar
que existen las flores
y que aún puedo latir
en esta vida que no sé
si es la muerte que se disfraza de Musa
o es la perfidia que sonríe con labios
de diva que blasfema.

Quizás al conocerlo y beber
el sudor de sus lamentos
y el ardor de sus prosas
al viento
me convierta en polvo
o en un jardín tan bello
como aquél que dejé
en los sureños terruños
de una tierra de nadie.

Quizás lo conocí
para humedecer su tierra
y abrirle camino
a las escarpadas cumbres
de un niño tan sólo
como mi pasado sin luna.

Quizás le regale mi luna.

Quizás lo abracé
para esparcir su llanto mudo
y sus caramelos mutilados
con mis palmas abiertas
al Uno.

Quizás para sonreír
con él
quizás para llorar
sola.

Quizás lo conocí
para danzar junto a un guerrero
que gime por ganar
sus últimas victorias.

No sé por qué lo conocí
no lo sé.